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Durante todo el domingo y a lo largo de la calle Real y Plaza del Emigrante, Albuñán se transformó en una singular recreación de Belén. Las puertas de las casas se convirtieron en las escenas que marca la tradición: la gruta de los pastores, las posadas o el mismo portal de Belén. Y si el pueblo quedó transformado en una aldea de Judea del siglo I, no iban a ser menos los vecinos. Eso sí, durante los preparativos se pudo comprobar que el ángel portador de la buena nueva congenió a las mil maravillas con los pastores. Él con sus alas y los pastores con sus zamarras caminaron a sus anchas por todo el decorado disfrutando del acontecimiento. No faltaron las panaderas, las encargadas de la matanza o, incluso, la tradicional figura de la castañera se convirtió en personaje de carne y hueso para este Belén.
Todo el pueblo se sintió protagonista y desde el mediodía todos se pusieron manos a la obra para que a las faldas de la cara oculta de Sierra Nevada se dejase sentir el ambiente navideño. Los mismos escenarios eran un lugar adecuado en el que ofrecer al visitante el “aguinaldo” compuesto por el dulce y el licor como está mandado. En la plaza del Emigrante los “pastores” preparaban migas para que todo el pueblo comiese. Una gigantesca sartén sirvió para preparar migas para cuatrocientos comensales. También contribuyó a dar ambiente la taberna del pueblo o los cartuchos de rosetas que la alcaldesa, Encarnación Cruz, ofrecía a los vecinos de este Belén.
A las cinco de la tarde María y José entraban en el pueblo a lomos de un asno. La primera parada fue ante el Censor y desde ahí se inició la búsqueda de la posada. A lo largo de la calle real la pareja fue acompañada por los vecinos que dejaron de cantar villancicos y mostrar su alegría por lo que iba a acontecer. María y José fueron los testigos del primer lleno hotelero documentado de la historia y se conformaron con una establo ofrecido por una de las posaderas del pueblo. Tras el alumbramiento y el anuncio del ángel comenzó la peregrinación hasta el pesebre en el que aldeanos vestidos o no a la usanza hebrea fueron a ver al Niño.
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