El maestro Miguel contempla dos jarras de su exposición

El mundo de la cerámica en Guadix comienza por las manos de Miguel Cabrerizo, un nombre mítico de la artesanía que se ha unido a la arcilla roja de la tierra. Cuando otros materiales han tomado protagonismo, nombres como el de Cabrerizo han mantenido el interés por la arcilla, pero sobre todo por la jarra accitana. Después de toda la vida junto a la jarra y tras haberla puesto en las más nobles estanterías, Miguel reclama que la jarra “tenga el reconocimiento que se merece”.

El maestro muestra con orgullo una carpeta de recortes de prensa y documentos en los que se habla de la alfarería, su vocación y su pasión. En lo de modelar el barro para crear algo de la nada, Miguel Cabrerizo comparte oficio con Dios y él lo ilustra con unos versos: “Dios fue el primer alfarero y el hombre el primer cacharro”.

Lleva su oficio unido al nombre. A Miguel lo llaman con respeto “maestro Miguel” y lo es de otros alfareros actuales -Balboa, Gabarrón o Fernando Gallego entre otros-. Él transmitió en décadas desde la Escuela de Artes y Oficios a sus discípulos todo su conocimiento a fuerza de vueltas en el torno. El tiempo ha convertido sus enseñanzas en apreciados objetos artesanales repartidos en un increíble listado de coordenadas geográficas. Es casi imposible hablar de él y no decir “el maestro”.

Miguel busca entre los papeles de su carpeta hasta dar con la copia de un pergamino: “Aquí tengo yo un reconocimiento al maestro Félix Ortiz, luego la hace su hijo Torcuato Ortiz que la expone en el año 1903 y recibe un premio en Almería”. El maestro de los actuales alfareros señala a la familia Ortiz como la gran valedora de la tradición de la jarra accitana y reconoce como su maestro a José Antonio Ortiz. Así, de generación en generación, se remonta el maestro y coloca el origen de la jarra en el siglo XVIII “y quizá antes”, puntualiza.

El trabajo de alfarería hunde sus raíces en la esencia del pueblo accitano rodeado de cerros arcillosos y que desde tiempos inmemoriales han sido cobijo y materia prima de sus utensilios de barro. Los accitanos no han dudado en convertir el barro en arte y desde sus primeros pobladores han jugado con el barro para crear ocarinas en forma de “torico de Guadix” -tótem ibéricos-. La antiguedad del tótem convierte a la jarra en un objeto de absoluta modernidad.

Para muchos el maestro Miguel es el padre de la actual jarra accitana. No es su creador, pero garantizó la continuidad de la pieza artesanal. Miguel relata que la jarra decae en la primera mitad del siglo XX: “la jarra se reserva a algún regalo, a alguna visita importante, pero prácticamente deja de hacerse”. En 1940 Miguel tenía doce años, “doce años” -repite varias veces- y entonces era aprendiz de José Antonio Ortiz, su ilusión en aquel momento era la de crear su propia jarra, pero “no tenía el torno dominado”, lamenta. Desde los doce años, Miguel ha estado unido a la jarra “día y noche” -comenta- “porque también soñaba con ella muchas veces”. Toda una vida y eso que como él dice “la jarra no da pan”.

Jarra de la novia
Esta es la historia de la llamada jarra de la novia o de como una pieza de carácter utilitario se convierte en una joya artesanal. Miguel en la búsqueda de sus orígenes se remonta a la jarra chata o jarra de pie -”que era una jarra con tapadera”- con la que se ofrecía agua a los invitados, hasta que “el alfarero comienza a colocarle unos adornos para la novia”, explica y así sufre su primera transformación en obsequio. Según cuenta el maestro alfarero, la jarra adopta su propia evolución hasta llegar a sus medidas y aspecto actuales.

Según el momento, la jarra ha adoptado distintos nombres. El maestro recuerda el de “jarra de las pajaricas”, “jarra de gallos” o “jarra de la novia”. Él es quien bautiza la jarra actual con el nombre de jarra accitana, vinculando con el nombre al objeto artesanal con su lugar de nacimiento. Es la época en la que la jarra, gracias a él, comienza a ser reconocida y a ser un elemento popular, esto es, “para todo el mundo y no sólo para el príncipe o el ministro”, dice. En su conocimiento contribuye el ceramólogo Emilio Sempere, numerosas publicaciones y la presencia en ferias del sector.

Según la Wikipedia un Souvenir -del francés, recuerdo- es un objeto que atesora a las memorias que están relacionadas a él. La jarra se ha convertido en un apreciado souvenir y los recuerdos del maestro Miguel son como los adornos de la propia jarra, abundantes. Sobre la superficie de la arcilla cocida trepan como si fuesen un trabajo de orfebrería hojas, flores, pájaros y de la misma manera fluyen los recuerdos del maestro Miguel unidos al barro que tantas veces ha manipulado.

 
icon for podpress  Entrevista en Radio Guadix (101.8 fm) a Miguel Cabrerizo [19:41m]: Play Now | Play in Popup | Download (537)